01 octubre 2007

CAUMPLEAÑOS FELIZ!!!






Nunca es tarde para daros las gracias por hacerme pasar el mejor cumpleaños en el CAU.
Os echo mucho de menos a las que faltáis, ya no es lo mismo.
No olvidéis que tenemos pendiente una cenita con copa incluida.

30 septiembre 2007

TERMINAS ACOSTUMBRÁNDOTE A CUALQUIER IMBECILIDAD

Al menos hay gente que no pierde la cabeza con este asunto del lenguaje sexista y le hace tanta gracia como a mí esto de ser ciudadanos y ciudadanas de derecho y de derecha. Cuesta mucho leer el texto que Pérez-Reverte escribe por lo ridículo que resulta, pero es muy divertido.

"Las miembras y los miembros" de Arturo Pérez-Reverte

De pura saturación terminas acostumbrándote a cualquier imbecilidad.


Se veía de venir. Empezamos con los ciudadanos y las ciudadanas, llegamos a los frailes y las frailas, y al final remata el Boletín Oficial del País Vasco, llevándolo todo, negro sobre papel blanco, al documento oficial. Pura coherencia, por otra parte. Y hablar de papel no es baladí, pues las papeleras van a tener que doblar su producción, cuando –no les quepa duda de que está al caer– todos los documentos oficiales de la España del buen rollito imiten el asunto. Tengo entendido que la Junta de Andalucía, por ejemplo, no está dispuesta a quedarse atrás ni harta de morapio. Pero de eso, para no liarnos, hablaremos otro día.«El pleno está integrado por el presidente o presidenta, el vicepresidente o vicepresidenta y los vocales o las vocales.» Ante ese párrafo pueden ocurrir dos cosas. Una es que parezca normal: de pura saturación terminas acostumbrándote a cualquier imbecilidad. La otra es que nos dé la risa floja. Al principio creí que era un texto chungo. Manipulado. Pero nada de eso: BOPV, ley 9/2004 de la Comisión Jurídica. «Se hace saber a los ciudadanos y ciudadanas», etcétera. Todo trufadito de perlas como ésta: «Un secretario o secretaria que se nombra por el presidente o presidenta (…) entre funcionarios y funcionarias». Y más adelante, con repetición exhaustiva de las titulares o los titulares, las vocales o los vocales, los presentes o las presentes, el secretario o la secretaria, el presidente o la presidenta, se detalla que en ausencia «de uno de los vocales o una de las vocales (…) se procederá al nombramiento de un suplente o una suplente (…). El nombramiento y cese del suplente o la suplente se realizará conforme a lo previsto (…). El tiempo que dure la suplencia se imputará al período de mandato de la vocal o el vocal suplido». Imagino que las feministas galopantes estarán goteando agua de limón con el texto, pero creo que aún podríamos afinar un poquito más. Porque observo cierto déficit de concordancia. Puestos o puestas a ello, «la vocal o el vocal suplido» debería haberse escrito «la vocal o el vocal suplido o suplida», o bien «la vocal o el vocal suplidos o suplidas». Y puestos a hilar fino, lo de «el tiempo que dure la suplencia» también era mejorable escribiendo «el tiempo que dure la suplencia o el suplencio». Pero en fin. Cada maestrillo tiene su librillo.En cualquier caso, es de justicia reconocer que, si en la lucha contra el sexismo lingüístico el BOPV se cubre de gloria pionera, en cuanto a la concordancia y el concordancio sus redactores o redactoras todavía no afinan mucho. Cuando escriben, por ejemplo, «el presidente o presidenta», «los titulares o las titulares», «los vocales o las vocales», no terminan de rematar la cosa. En pura lógica, vocal es a concejal lo que vocala a concejala, etcétera. O semos, o no semos. Y si semos, ¿por qué la puntita nada más? Lo normal, si se escribe presidente y presidenta, es que también se escriba presidencia y presidencio, titulares y titularas, vocales y vocalas, igual que en otros casos –sutil artículo 9– «ambos y ambas».En el artículo 23, por cierto, se dice «En la designación de los ponentes y las ponentes, el presidente o presidenta seguirá los criterios de reparto», mientras que algo más abajo alude a «los asistentes y las asistentes». Y eso, la verdad, queda feo. Si tenemos presidente o presidenta, la misma ilógica de semejante lógica impone ponentes y ponentas, asistentes y asistentas. Y la verdad es que tan tímido quiero y no puedo se manifiesta varias veces con idéntica evidencia o evidencio. Es como cuando el bonito artículo 17 indica que los acuerdos se adoptan «por mayoría de votos de los presentes y las presentes». ¿Por qué no de los presentes y las presentas? ¿Ein? Observen, además, el caso del no menos delicioso artículo 16: «Las miembros y los miembros afectados por posibles causas de abstención». ¿Por qué no ir hasta el fondo del asunto, escribiendo «Las miembras y los miembros afectadas o afectados por posibles causas o causos»? Es como cuando la disposición transitoria segunda menciona «el nombramiento de cuatro vocales que sustituirán a las cuatro o los cuatro nombrados conforme al decreto», en vez de decir, como en rigor debería: «cuatro vocales o vocalas que sustituirán a las cuatro o los cuatro nombrados o nombradas». Digo yo que de perdidos, al río. Y la verdad. No comprendo a qué vienen esos ridículos complejos, a estas alturas del jolgorio. O jolgoria.

29 septiembre 2007

DE CASA AL TRABAJO

Salgo de casa y subo mi calle. Voy a trabajar como todos los días a las diez y cuarto de la mañana. Delante de mí, por la acera, camina una chica de veintitantos. Un metro sesenta de estatura, aproximadamente sesenta kilos. Pelo recogido, engominado o húmedo, no distingo bien las técnicas de peluquería, pantalón vaquero ajustado con cinturón ancho a juego con las sandalias de taconazo y camiseta de tirantes más ajustada aún. La mayor parte de su cara la oculta unas tremendas gafas de sol. Tras ellas, una capa de maquillaje que hace sospechar que se ha levantado a las siete de la mañana para poder aplicar tanta crema y polvo compacto. Yo detrás. Pelo rizado inevitablemente. Gafas de miope, camiseta de manga corta, vaqueros de mi talla, zapatillas planas. El cinturón no me hace juego con los zapatos ni los zapatos con el bolso. Ni que decir tiene que la cara la tengo recién lavada y lo único que me he echado en ella es la crema de protección solar para no ponerme roja como un tomate con este sol que atonta ya por la mañana. A lo largo de la calle, varios hombres apoyados en los quicios de locutorios, bares latinos de salsa o portales de casas la ven pasar con sonrisa cómplice y burlona. Dirigen la mirada de arriba a abajo y de abajo al culo, no pudiendo evitar un comentario sabrosón. Yo camino detrás y oigo todo lo que no quiero oir sobre un culo caliente con el que jugar.
Seguimos caminando, claramente se dirige al metro al igual que yo. A su paso, los hombres le miran las tetas, probablemente luce un escote de escándalo y al bajar las escaleras es inevitable mirar tan sensual movimiento. Confieso que adelantando por la izquierda veo cómo un subir y bajar rítmico hace que la chica sienta que ha merecido la pena embutirse en estos ropajes. Ya no sólo la miran los hombres, sino también las mujeres treintañeras y miopes.
Sigo caminando hacia los torniquetes de entrada y la intuyo detrás de mí a juzgar por las sonrisas y cuchicheos de los seguratas. Bajo las escaleras de la línea uno de metro dirección a Valdecarros y me meto en el primer vagón. A mi alrededor hay personas de todo tipo. Sólo me fijo en las mujeres y entre ellas sólo en las que llevan el cinturón a juego con el bolso y los zapatos porque ahí, intento demostrar una hipótesis que he formulado subiendo la calle, está la clave de tanto éxito un martes por la mañana sin haber abierto ni siquiera la boca para decir nada.
Cambio de línea en Sol y cojo la tres para ir a Delicias. Al bajar las escaleras de acceso un tren acaba de llegar y me cruzo con decenas de personas que se intentan abrir paso entre otras tantas que queremos llegar al vagón antes de que se cierren las puertas. Un chico moreno, con perilla y gafas, bastante interesante me mira y me sonríe. No me dice nada sabroso. Sólo me ha sonreído levemente en el instante en que hemos intercambiado la mirada. Inmediatamente caigo en que he oído el silbato de la puertas cerrándose y acabo de torcer el gesto. Sabe que mis prisas por llegar a tiempo son inútiles y por eso me ha sonreído el muy cabrón.
Mi intento por demostrar la hipótesis acerca del cinturón-zapatos-bolso sigue en pie. Espero en el andén observando al resto de féminas que siguen llegando y ninguna de ellas lleva esta combinación, al menos no como la chica de mi calle la llevaba. Así que decido dejar este ejercicio para otro día en el que esté más fina y decido fijarme en todos los hombres que llevan camisetas regaladas. En el trayecto a Delicias veo dos, uno con una camiseta de la ONCE y otro con una de "La Noche en Blanco". No puedo formular ninguna teoría al respecto porque llega mi estación y me tengo que bajar.
Subiendo las escaleras eléctricas empiezo a pensar en todo el trabajo que tengo que hacer a lo largo del día y en los sujetos de los que estoy rodeada. Recuerdo súbitamente que dejé al protagonista de mi libro en Londres, empezando una nueva vida lejos de Sudáfrica y me arrepiento de no haber sacado mi libro en todo el trayecto y de no haber aprovechado el tiempo en cosas más beneficiosas para mi espíritu. Concluyo antes de fichar que no hay hipótesis que formular acerca de las mujeres que se ponen así de tremendas. Ellas sólo se quieren gustar a sí mismas. Yo me lo creo, por qué no.

UN POEMA DE BORGES EN PROSA

Los ponientes y las generaciones. Los días y ninguno fue el primero.La frescura del agua en la garganta de Adán. El ordenado Paraíso. El ojo descifrando la tiniebla. El amor de los lobos en el alba. La palabra. El hexámetro. El espejo. La Torre de Babel y la soberbia. La luna que miraban los caldeos. Las arenas innúmeras del Ganges. Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña. Las manzanas de oro de las islas. Los pasos del errante laberinto. El infinito lienzo de Penélope. El tiempo circular de los estoicos. La moneda en la boca del que ha muerto. El peso de la espada en la balanza. Cada gota de agua en la clepsidra. Las águilas, los fastos, las legiones. César en la mañana de Farsalia. La sombra de las cruces en la tierra. El ajedrez y el álgebra del persa. Los rastros de las largas migraciones. La conquista de reinos por la espada. La brújula incesante. El mar abierto. El eco del reloj en la memoria. El rey ajusticiado por el hacha. El polvo incalculable que fue ejércitos. La voz del ruiseñor en Dinamarca. La escrupulosa línea del calígrafo. El rostro del suicida en el espejo. El naipe del tahúr. El oro ávido. Las formas de la nube en el desierto. Cada arabesco del calidoscopio. Cada remordimiento y cada lágrima. Se precisaron todas esas cosas para que nuestras manos se encontraran.
Jorge Luis Borges

23 septiembre 2007

MONSTRUITOS

Sí, son los monstruos que más miedo me dan. Capaces de hacernos sentir lo mejor y lo peor. Corregibles y maleables al mismo tiempo, haciéndonos responsables a los mayores de todo lo que hagan, digan o sientan. Sí, creo que me dan mucho miedo.

27 abril 2007

MANUALIDADES


Intento poner un video de manualidades que grabó Míkel en casa, pero no puedo.

24 abril 2007

MESTANZA Y LAS MISIONES




Este pueblo encierra secretos que a veces hacen que me arrepienta de no haberle conocido más, de no haberle querido nunca, de no sentir que mis progenitores pertenecen a él. Hace poco, leyendo información sobre una exposición que había en Madrid de Las Misiones Pedagógicas durante la Segunda República descubrí que a Mestanza éstas llegaron también y que una de las misiones la encabezaba el poeta Miguel Hernández. En este pueblo conoció a los maestros que daban clase a los niños que había en el pueblo (sólo de familias que no necesitaban a los niños para trabajar) y aunque el empeño de la misión era llegar a todos los niños, jóvenes y adultos que no supieran leer ni escribir, ésto no pudo ser. A la mayoría, como mi padre, le tocó cambiar el pupitre y los lápices por una vara y un rebaño de ovejas. O a mi madre, que estuvo un par de semanas en la escuela, pero como la producción en este lugar era nula, decidieron que cuidando niños o sirviendo en casa de señoritos todos estarían mejor.

Una de las maestras de la escuela era Carmen Pastrana, o Doña Carmen Pastrana, como mi madre la mencionó el día que le pregunté cómo se llamaba la profesora que había en la escuela de niñas cuando era pequeña. Carmen venía de un pueblo de Segovia, pero había estudiado en Pinto para ser maestra. Cuando aprobó la oposición, sacó plaza en Mestanza y allí se quedó.

Miguel Hernández conoció a Carmen en este pueblo y en este pueblo se enamoró de ella y le escribió un poema que ella guardó con celo y un poco de vergüenza por el qué dirían de la época.

El poema no le he podido encontrar por ninguna parte. Al parecer es un poema inédito cuyo manuscrito sólo poseía ella y que cedió a uno de los mayores estudiosos de Hernández durante una conferencia allá por los años 70. Carmen se sintió ofendida en aquel discurso porque se daba por hecho que los poemas de la época estaban dedicados a la novia que Miguel Hernández tenía en Madrid. Interrumpió la conferencia y mostró el manuscrito demostrando que al menos ese poema se lo había dedicado a ella. Las malas lenguas decían que el poeta iba escribiendo el mismo poema a diferentes mozas y que todas se sentían igual de únicas.

Sin embargo a mí me gusta pensar que la maestra de mi pueblo fue algo especial para el pastor de Orihuela o, al menos, que él fue especial para ella.

Tras la Guerra Civil y el nuevo régimen Carmen tuvo que seguir en Mestanza, pero alejada de republicanos y de misiones pedagógicas. Le tocó mostrarse, imagino, como una autoridad más a respetar durante los años duros que se avecinaban, de hecho mi madre 50 años después la sigue llamando Doña Carmen Pastrana, no le ha perdido el respeto.

28 enero 2007

MEME

Me siento obligada a desvelar cinco de mis mejores secretos y todo porque Eva y Míkel le han seguido el juego a Joni. Pues nada, ahí van, pero no os riais mucho, por favor.

*El hijo de la panadera de mi barrio me llamaba "mascota" y "cerebrito" cuando íbamos al cole.

*Cuando tengo que decir la palabra "pared" en plural paro en seco y lo pienso durante unos segundos porque si no digo "paderes".

*Cuando era pequeña, unos nueve años más o menos, estaba viendo una película del oeste en la que el protagonista se llamaba Cornelius Jackey, me gustó tanto el nombre que decidí recordarlo toda la vida.

*Me pasé casi 25 años de mi vida arropando cada noche a mis dos muñecos favoritos: Dormilona y Victor. Si alguna noche alguien dormía en mis cama y tiraba los muñecos por ahí y no los arropaba... no pegaba ojo.

*Tengo un dedo del pie que me provoca pena. Es el dedo índice y es desproporcionadamente más grande que todos los demás