Pronto entendí que los gritos eran más para despertarnos y provocar una sonrisa en la plataforma que para echarnos la bronca. Comprendí que si una impresora no funciona, no puedes abrir un parte por cpu y que el ratón no lo pueden arreglar si le pasas el parte a comunicaciones. Todo gracias a las explicaciones que nos daba intercalando historias de su pueblo, y críticas al sistema y a tu despiste porque estabas pensando en no sé quién.
El último día en el CAU nos pusimos en pausa durante más de 15 minutos. No nos importó el número de incidencias que estaban ocurriendo en ese momento ni los clientes que no podían comprar los puñeteros billetes para el puente de diciembre...sólo nos importaba Félix y su sonrisa al ver que habíamos preparado una pequeña despedida. Lástima que no se desnudara como Enriquito Iglesias para lucir el reloj. Te echamos de menos...

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