24 abril 2007

MESTANZA Y LAS MISIONES




Este pueblo encierra secretos que a veces hacen que me arrepienta de no haberle conocido más, de no haberle querido nunca, de no sentir que mis progenitores pertenecen a él. Hace poco, leyendo información sobre una exposición que había en Madrid de Las Misiones Pedagógicas durante la Segunda República descubrí que a Mestanza éstas llegaron también y que una de las misiones la encabezaba el poeta Miguel Hernández. En este pueblo conoció a los maestros que daban clase a los niños que había en el pueblo (sólo de familias que no necesitaban a los niños para trabajar) y aunque el empeño de la misión era llegar a todos los niños, jóvenes y adultos que no supieran leer ni escribir, ésto no pudo ser. A la mayoría, como mi padre, le tocó cambiar el pupitre y los lápices por una vara y un rebaño de ovejas. O a mi madre, que estuvo un par de semanas en la escuela, pero como la producción en este lugar era nula, decidieron que cuidando niños o sirviendo en casa de señoritos todos estarían mejor.

Una de las maestras de la escuela era Carmen Pastrana, o Doña Carmen Pastrana, como mi madre la mencionó el día que le pregunté cómo se llamaba la profesora que había en la escuela de niñas cuando era pequeña. Carmen venía de un pueblo de Segovia, pero había estudiado en Pinto para ser maestra. Cuando aprobó la oposición, sacó plaza en Mestanza y allí se quedó.

Miguel Hernández conoció a Carmen en este pueblo y en este pueblo se enamoró de ella y le escribió un poema que ella guardó con celo y un poco de vergüenza por el qué dirían de la época.

El poema no le he podido encontrar por ninguna parte. Al parecer es un poema inédito cuyo manuscrito sólo poseía ella y que cedió a uno de los mayores estudiosos de Hernández durante una conferencia allá por los años 70. Carmen se sintió ofendida en aquel discurso porque se daba por hecho que los poemas de la época estaban dedicados a la novia que Miguel Hernández tenía en Madrid. Interrumpió la conferencia y mostró el manuscrito demostrando que al menos ese poema se lo había dedicado a ella. Las malas lenguas decían que el poeta iba escribiendo el mismo poema a diferentes mozas y que todas se sentían igual de únicas.

Sin embargo a mí me gusta pensar que la maestra de mi pueblo fue algo especial para el pastor de Orihuela o, al menos, que él fue especial para ella.

Tras la Guerra Civil y el nuevo régimen Carmen tuvo que seguir en Mestanza, pero alejada de republicanos y de misiones pedagógicas. Le tocó mostrarse, imagino, como una autoridad más a respetar durante los años duros que se avecinaban, de hecho mi madre 50 años después la sigue llamando Doña Carmen Pastrana, no le ha perdido el respeto.

4 comentarios:

Edu dijo...

A tus facciones de manzana y cera :
Carmen , fruto a los pájaros prohibido ,
congelado en el alba y escogido
por una mano de oro en primavera .

Hueles a corazón de trigo y era ,
suenas a nido , suenas a sonido ,
sabes ... no sé a que sabes , y he sabido
que nunca he de saber lo que quisiera .

Miras como los ojos del relente :
fríamente febril y distraída ,
entre flores y frutos la mirada .

Hablas como el silencio de una fuente :
calladamente , y andas por la vida
temerosa de flechas y de nada .
Miguel Hernández .

Edu dijo...

Un saludo a mi "paisana" filóloca. Yo también tenía padres mestanceños, Marceliano y Teresa. Si vas por Mestanza, Fernando y Jose del Bar los Arcos son mi hermanos.
Ahí llevas el delicioso soneto de Miguel Hernández, dedicado a Carmen Pastrana.
Hasta pronto, Edu.

Filóloca dijo...

Muchísimas gracias por el poema; estuve buscándolo para adjuntarlo, pero me fue imposible encontrarlo.
Si me paso un día por el pueblo, preguntaré por tí. Me ha hecho mucha ilusión. Gracias.

Anónimo dijo...

Soy belmardemestanza.googlepages.com.Aunque no quieres cuentas con el pueblo,me gusta mucho tu forma de escribir.Te pongo mi dirección por si quieres leer los libros que he puesto en la red;
Un saludo Jose belmar, el hijo de Meca.